(Introducción)
El funeral de mi ex no fue una sesión bonita: fue un velatorio de verdad, con photocall, misa negra y una lista de invitadas dispuestas a enterrar a quien ya no pintaba nada.
(Retos)
El reto no era hacer fotos dramáticas — eso lo pone cualquiera que haya pasado por una ruptura. Era sostener el humor negro y la rabia a la vez sin caer en el postureo ni en la telenovela, y luego traducir ese universo — carteles, luto y frases lapidarias — a un feed que la gente quisiera seguir (y, con suerte, robar para su propia ruptura).
(Créditos)
(Conclusiones)
Lo que empezó como una excusa para quemar una foto de carnet acabó siendo un ritual colectivo: cada una llevó su propio muerto al photocall. Y en Instagram, el funeral siguió teniendo público mucho después de apagar la última vela.
P.D. si tu ex también merece un responso, ya sabes a quién llamar.
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