Hay películas que no se ven, se viajan. Big Fish es una de esas paradas obligatorias en nuestra filmografía emocional, un recordatorio de que las historias que contamos nos definen. Esta lámina ilustrada rinde homenaje a la mítica escena donde Edward Bloom tapiza el horizonte con miles de narcisos amarillos para declarar su amor a Sandra.
Con un trazo que cuida la luz y el color de la estética original, la ilustración añade la calidez de los detalles analógicos en las flores y el fondo circense. Es la pieza perfecta para quienes entienden la vida como una gran aventura y quieren recordar, cada día en su pared, que el amor y la fantasía siempre valen la pena el viaje.



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